Paul y Paloma Friedhoff: padre e hija, unidos por la música

El violonchelista y lutier Paul Friedhoff y su hija, la soprano Paloma Friedhoff, son dos músicos de excepción. Dos artistas que viven y se sienten muy de Boadilla.

Paul y Paloma Friedhoff, padre e hija unidos por la música
Padre e hija se entienden perfectamente. Los ensayos juntos no son un problema. Al revés, están llenos de profesionalidad y mucho cariño.

Paul Friedhoff (69 años) nació en Estados Unidos, ha vivido en cinco países diferentes (en España lleva ya 32) y ha trabajado durante 30 años como chelista en la Orquesta del Teatro Real. Se siente, sin duda, español y, sobre todo, boadillense. “¡¡Llevo más de 40 años fuera de Estados Unidos!!”, añade. Su hija, Paloma (32 años), nació en Bélgica, pero lleva en España desde que tenía un año. Acaba de sacarse la plaza en el Coro Nacional de España y su carrera como soprano solista avanza segura. 

Las Bachianas Brasileiras Nº 5 que van a interpretar en el Auditorio Municipal de Boadilla el próximo 10 de febrero tienen la particularidad de estar pensadas exclusivamente para ocho chelos (algo muy inusual) y una soprano.

“Heitor Villa-Lobos, el compositor, era brasileño –nos explica Paul Friedhoff-. Él tocaba genial el chelo y escribía realmente bien la música para este instrumento. Villa-Lobos se dio cuenta de que el chelo tiene un sonido casi orquestal, ya que abarca desde las notas más bajas a las más altas. Por eso compuso las Bachianas Brasileiras, un total de nueve, y dos de ellas para ocho chelos (una con soprano). Villa-Lobos admiraba mucho a Bach, de ahí el nombre de Bachianas”.

De hecho, están escritas siguiendo el modelo de Bach, pero con influencia brasileña, es un matiz que no solo se aprecia en la música sino también en las palabras. “Sí, eso se nota sobre todo en la parte que canto yo, en las palabras –interviene Paloma–, describe paisajes brasileños, pájaros cantando en la selva, los colores del atardecer...” 

Además de las Bachianas, Paul Friedhoff va a interpretar el Adagio de Albinoni, una parte del Concierto Grosso de Vivaldi y una pieza del gran violonchelista del siglo XIX, Friedrich Grützmacher. Un repertorio muy completo que abarca tres siglos de música: barroco, romanticismo y las Bachianas, que son del siglo XX. 

Tras su jubilación, Paul Friedhoff continúa dando conciertos y enseñando a futuros chelistas. También sigue fabricando instrumentos a medida en su taller 

Paul Friedhoff, aunque ya está jubilado, sigue siendo un hombre lleno de inquietudes y con una gran experiencia como músico que ofrecer. Por eso sigue dando clases particulares de chelo al mismo tiempo que se dedica a su otra pasión, ser lutier (persona que hace o repara instrumentos de cuerda), en el taller que tiene en su casa de Boadilla. 

Un músico lutier 

“Empecé haciendo un violín, una pieza que es más manejable y que requiere menos inversión (unos 150 euros todos los materiales), mientras que para un chelo es necesario más tiempo y mucho más dinero. Solo los materiales son unos 1.000 euros”, nos cuenta Paul.

“Hice como 10 violines, pero nunca podía tocarlos, porque no soy violinista. Tenía que invitar a mis amigos violinistas a casa y pedirles que los tocaran y me explicasen qué sentían con aquel instrumento que yo estaba construyendo. Y es que yo no puedo entender, por ejemplo, cómo Antonio Stradivari podía hacer chelos, si no los tocaba. ¿Cómo podía corregir sus errores?”, se pregunta. 

Así comenzó a fabricarse sus propios instrumentos. “Al tocarlos después, podía sentir yo mismo qué resultado daban. Me puedo dar cuenta de mis aciertos y mis errores. ¡Se produce una conexión extraordinaria entre los dos! Cuando toco mi propio instrumento y sale bien, me produce una gran satisfacción. Es como un reflejo de mi mismo, es mi creación, con sus cosas malas y buenas, heredadas de mí”, dice. 

“¡Se produce una conexión extraordinaria! Cuando toco mi propio instrumento y sale bien, me produce una gran satisfacción”, explica Paul de su faceta de lutier

En una familia en la que se respira música a diario parece inevitable que los hijos salgan músicos o cantantes. “En mi caso –dice Paloma– no quise ser cantante desde el principio. De pequeña quería ser arquitecta, futbolista…, de hecho estuve hasta los 15 años en el Madrid Oeste en Boadilla. Sin embargo, lo dejé y empecé en el Coro Municipal de Boadilla Luigi Boccherini. Y fue ahí cuando decidí que quería ser cantante, viendo a las solistas que venían a ensayar con nosotros”, relata. 

“Creo que depende mucho de la experiencia de los padres –explica su padre-. Si los padres no están satisfechos con la profesión que tienen, no van a inspirar a un hijo para que se dedique a lo mismo. Recuerdo que con 14 o 15 años llevé a Paloma al Teatro Real a ver la ópera Cosi fan tutte de Mozart, y cuando volvíamos a casa me dijo por primera vez ‘Papi, quiero ser cantante’. Yo siempre he estado muy orgulloso de ser músico y mi mujer de ser cantante de ópera, pero nunca les hemos presionado para que se dedicaran a esto, ha salido de ellos”. 

Buena estudiante 

Paloma Friedhoff fue al Instituto Profesor Máximo Trueba y terminó con matrícula de honor, podría haber hecho la licenciatura que hubiera querido, pero ella siguió su camino que era convertirse en cantante. Y no se equivocó. 

“Fue en el Coro Luigi Boccherini donde descubrí que quería ser cantante”, explica Paloma

Ha estudiado en España, Alemania, Estados Unidos… Y después de una carrera como artista inquieta, dando conciertos de acá para allá, “acabo de entrar en el Coro Nacional de España –nos cuenta-. Estoy muy orgullosa porque es muy difícil. Éramos como 120 sopranos para cuatro plazas”, explica. 

Aparte de esto, lleva muchos años trabajando los fines de semana en la parroquia de Las Lomas. “Canto en las misas, doy clases a la gente del coro, hago el concierto de Navidad… muchas cosas. Es curioso porque en España el trabajo de músico de iglesia no se contempla, pero en otros países como estados Unidos o Alemania, es muy habitual. El día de Jueves Santo, además, mi padre toca con su cuarteto de cuerda Las siete palabras de Cristo, de Haydn. Es una delicia. Por si alguien no lo sabe, se lo recomiendo”, apunta. 

Esos son los trabajos con los que vive mes a mes. Más las cosas que le van surgiendo como soprano solista. “Ahora, en febrero, además de en Boadilla, actúo el día 2 en el Auditorio Nacional con canciones de musicales; el 21 en Murcia; en marzo, El Escorial, Madrid, Huesca, Zaragoza…”. Su completa agenda la tiene en su web y, además, a través de la opción de 'contacto' cualquiera puede ponerse en contacto con ella o con su padre.

Una perfecta ‘millennial’ 

Pero su actividad como perfecta millennial, como dice ella orgullosa, no acaba ahí. “Doy clases a coros amateur universitarios, canto en bodas y funerales y, de vez en cuando, grabo para una aplicación que se llama Singerhood. En ella estamos muchos cantantes y puedes descargarte varias voces o solo una para aprender escuchándonos. También mis amigos me empiezan a pedir grabaciones para hacer demos… en fin, ¡cada vez tengo menos tiempo! – exclama-.

El problema es que todo esto me deja muy poco tiempo para uno de mis hobbies, mi canal de YouTube, donde mezclo mis dos 'personalidades', la seria y profesional a la hora de trabajar; con las más payasa de mi vida normal… ja, ja, ja. Hay de todo: vídeos de pop, música clásica, country, bandas sonoras…”. 

El éxodo de vecinos

Paloma tiene una espinita en el corazón y es no poder vivir actualmente en Boadilla. “Yo he crecido en Boadilla y mi sueño era vivir en Boadilla, pero no he podido, como muchos millennial de Boadilla. Hay muchísimos boadillenses de mi generación viviendo en Brunete. La relación calidad-precio en Boadilla deja mucho que desear, y encontré lo que necesitaba por mucho menos en Brunete”, confiesa con pena. E insiste para que así lo contemos. 

Padre e hija se entienden perfectamente. Los ensayos juntos no son un problema. Al revés, están llenos de profesionalidad y mucho cariño. Además, el resto de chelistas que veremos en Boadilla son antiguos músicos del Teatro Real y alumnos del propio Friedhoff. Todo ello nos garantiza una velada familiar, íntima, emotiva y con un repertorio inmejorable.