Más sobre San Babilés

Hoy, 24 de enero, la Hermandad de San Babilés celebra una misa con motivo de la onomástica del santo. Gracias a las excavaciones en el cerro de San Babilés y el trabajo del comisionado de la hermandad, Manuel Gómez Rodríguez, sabemos algo más sobre la historia del santo y de Boadilla. El resultado de sus pesquisas en archivos y bibliotecas lo plasmó en su libro ‘Hermandad de San Babilés… Siglo XV a siglo XXI…’, cuya segunda edición saldrá este mes de imprenta.

Excavaciones en el cerro de San Babilés, en Boadilla del Monte.
En el cerro, el equipo de arqueólogos ha documentado y excavado unas 220 sepulturas pertenecientes a diferentes periodos históricos (desde época visigoda –siglos VII y VIII– hasta época medieval –siglos XIII, XIV y XV– y moderna –a partir del siglo XVI–).
Manuel Gómez Rodríguez - Hermandad de San Babilés
Manuel Gómez Rodríguez, comisionado del archivo histórico de la Hermandad de San Babilés. Imagen: Emilio Navas.

Fue el 30 de octubre el día en el que se produjo el martirio de San Babilés: 80 niños, el santo y dos hermanos murieron degollados por los moros en el lugar limítrofe de Boadilla con Villaviciosa de Odón donde estaba la ermita del santo. “Hasta aquí parece que todos los autores están de acuerdo. Respecto al año exacto, las fechas bailan de unos a otros”, relata Manuel Gómez, hermano y comisionado del archivo histórico de la Hermandad de San Babilés.

Unos sitúan los hechos en el año 715, otros en el 717… “No hay mucha diferencia”, indica. Hay quien habla del año 785, “que es el que aparece en el estandarte de la hermandad. Yo me quedo con el 715 porque hay más autores que coinciden con esa fecha. Dada la magnitud de la masacre, el día es difícil que se olvide y ha ido pasando de padres a hijos. En el año, puede haber más dudas”, aclara.

El germen de la hermandad lo encontramos “en los padres, hermanos, primos, abuelos de los niños asesinados, que subían al cerro cada 30 de octubre a rendirles tributo. Cuando desaparecen los deudos próximos, nace la hermandad de alguna forma como guardián de las esencias de esa devoción, que se convierte en tradición y en leyenda”, relata.

Sus ordenanzas más antiguas datan del 24 de enero de 1478. Están en la Biblioteca Nacional. Un preámbulo y 30 artículos. Sin más. Parecen hechas deprisa y corriendo. “Hay que recordar que en 1478 se instaura la Inquisición en España. ¿Una hermandad, en lo alto de un cerro, así, sin unas ordenanzas aprobadas por el prelado? Era algo impensable”. La situación es tal que en las Relaciones topográficas de Felipe II (1576), no se menciona a la hermandad de San Babilés. Sí recogen la devoción que existía por el santo y de sus muchas virtudes. En 1578 se añadió un capítulo a las mismas y se presentaron en Toledo al Consejo de Gobernación. Dos años después, fueron aprobadas.

Cree Manuel que podría haber unas ordenanzas anteriores. “La historia de Boadilla está encapsulada en algún archivo, biblioteca o lugar”. Él lleva años buscando con paciencia y tesón. También sigue muy de cerca las excavaciones en el cerro. “La ermita está hablando. Han aparecido restos que podrían ser de los siglos VI, VII u VIII… entre otros. O monedas que están atestiguando fechas”, revela.

Resultado de las excavaciones

En el cerro, el equipo de arqueólogos ha documentado y excavado unas 220 sepulturas pertenecientes a diferentes periodos históricos (desde época visigoda –siglos VII y VIII– hasta época medieval –siglos XIII, XIV y XV– y moderna –a partir del siglo XVI–). También distintas estructuras, las fases de construcción del templo… Todo ello habla de la actividad humana en un espacio que se había convertido en lugar de culto y peregrinación.

La nueva edición de su libro Hermandad de San Babilés… Siglo XV a siglo XXI… actualiza toda la información encontrada hasta la fecha. Incluye copia de los documentos originales y su traducción. De ahí su importancia para la hermandad. Pero aún hay mucho trabajo pendiente. “Habría que hacer un centro de estudios”, sugiere Manuel.

Y no quiere terminar si antes agradecer el apoyo del actual alcalde a las excavaciones en el cerro y que han confirmado lo que todos decían: que ahí había una ermita. Falta por encontrar la tumba del santo. “Hemos metido un empujón muy grande a la hermandad, pero hay que seguir estudiando y que esto vaya pasando de generación en generación”, concluye.