Los ciclos reactivos, cómo nos hacen sufrir

A lo largo de nuestras sesiones de psicoterapia o coaching, hemos podido constatar el importante papel que juegan los ciclos reactivos en el mantenimiento de nuestros problemas o en la falta de consecución de nuestras metas.

Los ciclos reactivos, como nos hacen sufrir
Indagar en la naturaleza de los juicios, creencias, objetivos y expectativas que hay detrás de nuestras reacciones es el comienzo para romper ese círculo vicioso.

Cuando nuestros clientes nos describen un problema o un reto personal, observamos que hay un patrón que se repite con mucha frecuencia y que sigue los pasos siguientes:

  1. Ante una situación o hecho que se produce, y que percibimos como negativo, se disparan los juicios que se realizan sobre esa situación o hecho concreto (por ejemplo, no me hace caso, no hace lo que debería hacer, que mal lo estoy haciendo, no lo conseguiré, quiere perjudicarme, etc.).
  2. Esos juicios llevan a que se experimenten determinadas emociones (miedo, ira, tristeza, frustración, culpa, vergüenza, etc.).
  3. Las emociones, a su vez, provocan una reacción poco consciente ante esa situación (negación, evitación, explosión o descarga emocional, oposición, comer o beber en exceso, consumo de sustancias, etc.).
  4. Esa reacción vuelve a producir más juicios, emociones y reacciones, en un ciclo que se va repitiendo una y otra vez.

 

Así son los ciclos reactivos, y las causas por las que se producen son diversas:

  • Nuestra historia personal, aquellas experiencias significativas que hemos tenido a lo largo de nuestra vida, y que nos han hecho pensar de una manera y experimentar determinadas emociones con mayor frecuencia o intensidad.
  • La educación recibida y los aprendizajes realizados, así como los hábitos que hemos ido adquiriendo con el paso del tiempo.
  • Los objetivos, las expectativas y las necesidades que tenemos y las que nos hemos ido creando.

 

¿Cómo podemos romper los ciclos reactivos? 


En primer lugar, tomar mayor consciencia de nosotros mismos en esas situaciones, poner el foco de la atención en nuestras sensaciones, pensamientos, emociones y conductas.

Luego, indagar en la naturaleza de los juicios, creencias, objetivos y expectativas que hay detrás de nuestras reacciones.

También podríamos aprender a gestionar nuestras emociones de una manera más eficiente o que nos haga sufrir menos.

Otra posibilidad, conocer cuáles son nuestros estilos de afrontamiento de las situaciones, aprendiendo a comunicarnos mejor y a centrarnos en las cosas que están dentro de nuestra área de control e influencia (logrando aceptar aquello que está en nuestra zona de preocupación y sobre lo que no podemos hacer nada).

El mindfulness, la psicoterapia y el coaching son herramientas muy valiosas que nos permiten superar los ciclos reactivos, para comenzar a vivir con un mayor equilibrio y nivel de bienestar.

 

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