El diseño del jardín

Cuando un profesional o paisajista prepara el diseño de un jardín, su proyecto valorará, además de los gustos del cliente, el tipo de arbustos y plantas que más se adapte a la zona, el entorno, la cantidad de luz que va a recibir cada una de acuerdo a su orientación… También el uso racional de recursos como el agua.


Al final, aunque en un principio tengamos que pagar más dinero por su trabajo de asesoramiento y ejecución del proyecto, a la larga podremos considerarlo bien invertido porque conseguiremos un jardín acorde a nuestras necesidades, sin un consumo excesivo de agua y con unas plantas duraderas.


Recomendamos siempre que éste sea de una extensión adecuada para que, por un lado, sea placentero y agradable su difrute y que, por otro, cuidarlo no suponga una carga difícil de soportar.


Siempre hay soluciones prácticas para las superficies que no vamos a usar, como plantas tapizantes, gravas y coberturas orgánicas de bajo mantenimiento.


El entorno es fundamental, así como la climatología, la vegetación existente, la orografía... Un análisis previo es siempre necesario para que el proyecto se integre en el mismo.


Teniendo en cuenta todo esto, ordenaremos los distintos espacios en zonas proporcionadas y armoniosas, con una planificación clara que recoja todas las necesidades y usos que vamos a dar a nuestro jardín para sacarle el máximo partido.


Es muy importante tener claro lo que queremos, porque cambiar las cosas luego puede suponer mucho esfuerzo y dinero, sobre todo a la hora de decidir la ubicación de elementos tan fundamentales como la piscina, las zonas de solado o de césped.


Las tendencias, influencias e identidad del propio entorno marcarán el diseño bajo la visión del paisajista: encuadre de las vistas y perspectivas; interrelación del jardín con la vivienda de forma que potencie su construcción y diseño, etcétera.


Otro punto a tener en cuenta, como hemos comentado anteriormente, es el uso racional de los recursos disponibles, cada vez más escasos. Siempre es mejor recurrir a las plantas autóctonas y hacer una buena planificación del sistema de riego. El uso del césped en zonas como Madrid se debe limitar al espacio mínimo que vayamos a usar, lo que nos ayudará a ahorrar más agua. Si esto lo hacemos bien, conseguiremos un jardín de bajo mantenimiento y más satisfacciones que dolores de cabeza.


Con la selección de plantas hay que buscar la máxima expresividad vegetal con los cambios de coloración y textura según las estaciones del año. El diseño del jardín, el movimiento y la ornamentación, tienen que procurar un alma propia, alejándonos de soluciones estandarizadas y despersonalizadas.