Autorregulación con mindfulness

La autorregulación con mindfulness es un tema de especial interés, pues muchas personas no conocen cómo el mindfulness les puede ayudar en su vida cotidiana o en la reducción del estrés o la ansiedad que padecen, cuando lo cierto es que existen muchas evidencias científicas de ello.

Autorregulación con mindfulness
Los mindfulness reportan equilibrio y serenidad

El mindfulness es una adaptación al ámbito de la psicología de algunas técnicas de meditación que tienen miles de años, y con el foco en algunos contenidos para la gestión del estrés y la ansiedad. 

Las personas que practicamos desde hace años estas técnicas ya sabemos de primera mano que las mismas nos reportan equilibrio y serenidad, y que son un apoyo muy importante para reducir el impacto de los momentos de estrés que puedan aparecer. Pero es que, además,  mejoran en buena medida nuestra calidad de vida al enseñarnos a vivir de forma más saludable, más atentos a la experiencia y con mayor plenitud del momento presente.

Si atendemos a las investigaciones efectuadas hasta el momento, sabemos que el mindfulness provoca cambios en el nivel de activación y en diferentes zonas del cerebro, fundamentalmente en la corteza prefrontal, la región temporoparietal, la amígdala y el hipocampo. Todas estas zonas están implicadas en funciones tan importantes como la autoconciencia, la atención, el aprendizaje, la memoria, la supervisión, la toma de decisiones, la empatía y la regulación emocional. 

En internet podemos encontrar diferentes vídeos y publicaciones donde se detallan los resultados de todas estas investigaciones, siendo uno de los vídeos más interesantes el de la conferencia ofrecida por la doctora Sara Lazar en TED (organización sin fines de lucro estadounidense dedicada a las Ideas dignas de difundir).

A través de la práctica sostenida en mindfulness nos vamos haciendo más conscientes de nuestro funcionamiento mental, de nuestras sensaciones, emociones y pensamientos, de nuestras conductas, hábitos y ciclos reactivos. A su vez, prestamos más atención en nuestra vida cotidiana y a las experiencias que tenemos, aprendiendo así a parar el piloto automático, la rumiación mental, y a responder con mayor eficacia a las situaciones en lugar de reaccionar ante ellas. Todo esto conlleva una mejora de la autorregulación y un incremento en la capacidad de resiliencia para hacer frente al estrés y las dificultades de la vida cotidiana.

Por otro lado, la práctica de mindfulness moviliza energías y nos libera de impresiones y tensiones que se han ido acumulando en nuestro cuerpo-mente a lo largo de toda nuestra vida. Esto es muy importante, porque muchos de nuestros trastornos también se mantienen debido a todas esas acumulaciones. Y es que los cambios cognitivos, emocionales y conductuales no solo se producen a través de una intervención psicológica al uso, sino también cuando se reequilibra nuestro organismo y se van modificando ciertas conductas y actitudes a la luz de la consciencia, al ir estando más presentes y más ecuánimes ante todo aquello que sucede dentro y fuera de nosotros.

Para que todo esto suceda, es necesario un entrenamiento, un compromiso sostenido con la práctica en mindfulness, como todas las investigaciones señalan. Con la práctica formal (sentada) e informal (en la vida cotidiana) vamos obteniendo los frutos de estas técnicas.

Más información

www.humanodevelopment.com