S_3

Audi R8: Tecnología y diseño... ¡siderales!

El modelo más deportivo de la firma de los aros esconde un propulsor de 420 CV y exhibe un espectacular envoltorio.

 

Exige la friolera de 116.800 euros –124.750 si equipa el recomendable cambio automático y secuencial R-Tronic–, pero la suya es una tarifa hasta competitiva echando un rápido vistazo a los precios de su más estrecha competencia. Y es que el Audi más deportivo de la historia cuesta más o menos lo mismo que un Porsche 911 Carrera 4S Coupé –355 CV y unos 105.000 euros–, pero luce un planteamiento más próximo al que caracteriza a superdeportivos de la talla de los Lamborghini Gallardo –510 CV y unos 150.000 euros– y Ferrari F430 –180.000 euros y 480 CV–.

 

Por dimensiones es bastante compacto, con una longitud de 4,43 metros –al estilo de coches tipos Volkswagen Golf–, una anchura de 1,90 y, eso sí, una ajustadísima altura de sólo 1,25 metros, habitual en este tipo de automóviles pero que prácticamente obliga a sentarse en el suelo para acceder o salir de él.

 

Dispone su poderosa mecánica V8 de 420 CV en el centro de la carrocería, sobre el eje trasero y justo por detrás del habitáculo, que, por cierto, sólo permite acoger a dos ocupantes.

 

Apto para viajar

 

Estos contarán con bastante más espacio del que pueda parecer a primera vista, incluso si la idea es afrontar un viaje o una escapada de fin de semana, aunque prácticamente tendrán que hacerlo sin maletas: el maletero del R8 se reduce a un pequeño hueco de 100 litros, (inferior al de un Mini, ya de por sí pequeño), ubicado bajo el capó frontal.

 

Ese lunar, más una visibilidad bastante limitada hacia cualquier ángulo que no sea el sentido de marcha, o su elevado consumo medio –homologa 14,6 l/100 km con cambio manual y uno menos en versión R-Tronic–, son algunas de sus mayores pegas.

 

Acabado ejemplar

 

A cambio, el espectacular R8, que presume de una calidad de acabado sencillamente ejemplar y de un puesto de conducción bien estudiado, que envuelve al conductor y le aproxima toda clase de mandos y pulsadores, transmite sensaciones inefables.

 

Su capacidad de aceleración, por ejemplo, es brutal, con un paso de 0 a 100 km/h de poco más de cuatro segundos, lo más parecido a una motocicleta deportiva. Otro tanto sucede con su velocidad punta: 301 km/h. A años luz de la órbita legal.

 

De todos modos el R8, fabricado en materiales tan sofisticados como el aluminio o el magnesio, es más que fuerza bruta. Su diseño, auténtico paradigma del éxito en la vida y los negocios, es un imán para los ojos de cualquiera, aficionado o no.

 

Tracción a las cuatro ruedas

 

Sorprende también su relativa facilidad de conducción, pues es posible llevarlo bastante rápido sin necesidad de ser Fernando Alonso. A ello contribuyen la carrocería, con una silueta inferior que genera un peculiar efecto succión para pegarlo al suelo a elevada velocidad. Y también su tracción permanente a las cuatro ruedas, garante de un agarre proverbial en todo tipo de carreteras y trazados.

 

Otra curiosidad: cuenta con un alerón posterior, que emerge automáticamente a partir de 100 km/h para incrementar la estabilidad, y que se recoge cuando se baja de 35 km/h.