Actitudes para el bienestar

Todos nosotros queremos sentirnos mejor, ser más felices, pero muchas veces no sabemos cómo hacerlo. Aunque la felicidad total sea una utopía, sí que es posible alcanzar mayores niveles de bienestar.

Mientras no sea necesaria la atención psicológica, la clave para el bienestar está en ir cambiando nuestras actitudes.
Mientras no sea necesaria la atención psicológica, la clave para el bienestar está en ir cambiando nuestras actitudes. (PressFoto)

Nuestra mente dispersa, y llena de condicionamientos y estrechos puntos de vista, es la que reacciona constantemente a lo que nos ocurre, crea ansiedad, y nos impide ver con claridad el camino a seguir para encontrarnos mejor. Entonces, ¿qué podemos hacer? Mientras no sea necesaria la atención psicológica, la clave estaría en ir cambiando nuestras actitudes. Algunas de esas actitudes que nos ayudan a estar mejor con nosotros mismos son las siguientes:

  • Vivamos más en el presente. Aunque tengamos una historia personal y unos objetivos en la vida. Mantengamos una atención plena a lo que pasa dentro y fuera de nosotros, con una mente de principiante, abierta y curiosa a cada momento. Estemos en el “ser” y no solo en el “hacer”.
  • Cultivemos un estado de ecuanimidad–amabilidad. Hacia lo que nos ocurre, para poder responder en lugar de reaccionar, más allá del apego y la aversión. Si el dolor es inevitable, el sufrimiento extra es opcional. Demos la bienvenida al placer, pero vivir en el deseo nos esclaviza.
  • Basémonos en hechos. No en juicios automáticos y suposiciones. Primemos la experiencia sobre las creencias, pues todo lo que está alejado de esa experiencia es prestado, es solo una idea. Superemos dogmatismos y condicionamientos, a través de un mayor autoconocimiento. 
  • Desarrollemos emociones positivas. No nos dejemos llevar por emociones negativas, tomemos consciencia de ellas y gestionémoslas sin tener que reprimirlas. Aprendamos a expresar cómo nos sentimos y qué necesitamos.
  • Sustituyamos el lenguaje de la “culpa” por el de la “responsabilidad”.
  • Reconozcamos nuestras aptitudes, superemos la autoimportancia. No nos arroguemos cualidades de las que carecemos. 
  • Agradezcamos y valoremos lo que tenemos. Nunca sabemos cuándo podremos perderlo. 
  • Compartamos nuestra alegría. Es la mejor forma de celebrar la vida.
  • Comprometámonos con algo. Con aquello que es más importante para nosotros, y no vivamos sin darle un sentido pleno y creativo a nuestra vida.
  • Tengamos confianza. En nuestras capacidades y en la vida misma. Pongamos los medios para que las cosas puedan suceder. Practiquemos la excelencia, en lugar de la exigencia, dando lo mejor de uno mismo de instante en instante, y sin preocuparnos tanto por los resultados.  
  • Ocupémonos de las cosas. En lugar de preocuparnos por ellas.
  • Aceptemos aquello que ahora no podemos cambiar. Sin instalarnos en la queja y en actitudes de resistencia que en nada nos ayudan. Adaptémonos mientras sea necesario, esperemos el mejor momento, aprendiendo a soltar.
  • Tomemos las dificultades como un reto. No como un problema. Aprendamos del maestro que es la vida, sin demandar excesiva seguridad, viendo las oportunidades que se nos brindan y no solo las amenazas.
  • Seamos más flexibles. Sin querer que todo salga como y cuando queremos.
  • Cuidemos de nuestra salud. Y las distintas fuentes de energía (respiración, sueño, descanso, alimentación, ejercicio físico moderado e impresiones mentales positivas). 
  • Atendamos a nuestros seres queridos, cultivemos relaciones afectivas y de amistad que sean edificantes. Evitemos relaciones destructivas basadas en exigencias, celos, manipulaciones, codicia y falsas expectativas. 

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