La ONCE prepara en Boadilla cien perros guía al año

Sede de la Fundación ONCE.
Cachorros que la organización cede en acogida a las familias hasta que cumplen el año de edad.

Es probable que más de una vez los haya visto recorriendo algunas calles de Boadilla del Monte, como la avenida Siglo XXI, la del Infante Don Luis, subiendo y bajando por las escaleras de varias calles del casco antiguo de Boadilla. O en algún local con sus entrenadores o futuros amos.


Son los perros de la Fundación ONCE del Perro Guía, cuya sede se encuentra en Boadilla del Monte en una finca de 10 hectáreas situada entre la M-501 y la Ciudad Financiera del Santander. Allí  están desde el año 1999 en varios edificios habilitados para distintas funciones.

 
El corazón de este complejo es el edificio que con forma octogonal alberga a sus verdaderos protagonistas: los futuros perros-guía. Ahí están las perreras, una clínica veterinaria perfectamente equipada, la sala de partos en la que nacen todos los futuros perros-guía, el almacen de alimentos o enseres como correas o juguetes... En definitiva, todo para que no les falte de nada y para prepararles en su misión.


En Boadilla se forman todos los perros-guía de la ONCE, de los que actualmente hay en activo cerca de novecientos en España. Todo su proceso educativo se controla minucionsamente desde aquí, empezando por la selección de las hembras, de los sementales o de los cachorros más idóneos para esta misión,  hasta que finalmente se le concede al ciego el animal en usufructo.

 

En lista de espera


El centro tiene capacidad para educar y entregar unos cien canes al año. Animales que se ceden gratuitamente a los ciegos que lo soliciten. Y demanda no les falta a juzgar por las cerca de trescientas peticiones que hay sobre la mesa. Es decir, hay un tiempo de espera de casi dos años desde que se solicita hasta que finalmente, si se aprueba, se recibe el perro.


Una parte va también a sustituir a aquellos perros-guía que, por su edad o pérdida de facultades, ya no pueden cumplir su función con eficacia, lo que puede incluso poner en peligro la vida del ciego. “Llegado ese momento, normalmente hacia los diez años de vida del animal, lo retiramos del servicio. Entonces, o bien se queda el perro la persona con la que está, o se envía a residencias de ancianos donde participaran en terapias con enfermos de Alzehimer o vuelve aquí”, explica Manuel Enríquez, director técnico de la Fundación.


En la escuela los perros empiezan su periodo formativo cuando tienen un año. Mientras tanto, la institución los cede a familias en régimen de acogida. Ellos los cuidarán hasta que llegue ese momento (ver apoyo Cachorros en busca de familia).

 
Siete meses de entrenamiento


El tiempo que se tarda en preparar un perro guía es de unos siete meses aproximadamente. Un entrenador y un instructor de  movilidad les enseñarán a pararse en los bordillos de aceras o escaleras, a apartarse cuando viene un coche, a sortear obstáculos tales como bolardos, postes y farolas, motos aparcadas en la acera, zanjas, árboles... O incluso a desarrollar el instinto de la desobediencia inteligente. Por ejemplo “a no cruzar la calle cuando se lo indique el ciego porque viene un coche”, explica  Natalia Romero, instructora de movilidad de perros-guía. Nada ni nadie, una vez que les han colocado el arnes, les podrá distraer de su trabajo.

 

Pero para ello no todos los perros valen. Los candidatos se eligen entre cachorros de tres razas que, por sus características -caracter, temperamento y  tamaño- han demostrado buenas dotes para hacer de lazarillos: labrador retriever, golden retriever y pastor alemán.


Dar con el perfil más idóneo


Tampoco cualquier perro le vale a cualquier ciego. “De acuerdo a las características del perro y de la persona con la que va a estar, así como el entorno en el que va a desenvolverse el animal, un perro puede ser más idóneo que otro”, explica Natalia Romero.

 
Para cuadrar el perfil de uno y otro se valoran informes médicos, psicológicos y sociales. Aunque esto no siempre esto es suficiente. “Si algún familiar del invidente descubre que tiene alergia al pelo del perro, o si el animal no cumple sus expectativas o ha cogido algún miedo a algo, nos lo devuelven”, añade. Lo que sucede en contadas ocasiones.


Los invidentes también pasan por un curso de formación y adaptación de tres semanas en régimen de internado en el hotel-residencia de la fundación. A partir de la llegada de su nuevo e inseparable compañero, su vida cambiara totalmente. “Para empezar, ganan en velocidad en sus desplazamientos por la calle al no tener ya que ir pensando por dónde van. El perro sí lo sabe. Y en el plano social también va a notar grandes cambios porque se relacionan más, la gente en la calle se acerca más a ellos y por tanto tienen posibilidades de hacer más amigos”, dice Romero.

 

En busca de una familia de acogida

 

Los cachorros seleccionados para ser perro-guía entran en la escuela cuando han cumplido el año de edad. Durante ese tiempo que transcurre entre las siete semanas de su nacimiento y los doce meses de vida, el animal es entregado a familias que, voluntariamente, se ofrecen para acogerlos. “Es un periodo de sociabilización del animal en el que se va acostumbrar a vivir con las personas”, explica Víctor Pérez, instructor de movilidad de la Fundación ONCE del Perro Guía.


En este periodo de acogida familiar, el centro corre con todos los gastos de manutención del perro (alimentación, vacunas, veterinarios, correas...). Incluso se le puede llevar al centro si en un momento dado la familia no se puede hacer cargo de él (vacaciones, viajes al exterior...). Pero, ¿qué deben darle a cambio?

 

Como contrapartida a poder disfrutar del cachorro y su compañía, la familia de acogida se debe comprometer a ir una vez al mes al centro para someter a revisión al perro y a no dejarle nunca más de dos horas sólo. “Es muy importante que pasen tiempo con él”, afirma Pérez.

 
Familias de acogida siempre hacen falta. Quienes estén interesados se pueden dirigir a: Fundación ONCE del Perro Guía. Departamento de cachorros. Tel. 91 632 46 30. El único problema es que uno se acaba encariñando con el animal y hay que devolverlo... Aunque siempre queda la opción de acoger a otro.