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Cristina Pérez Navas: “Los cuidadores vivimos en una tensión constante”

Aunque todos la conocemos como la ‘madre de Juan’, niño de 14 años afectado por una enfermedad rara, Cristina era, antes de recibir el diagnóstico de su hijo, maestra de primaria especializada en Música, Educación Física y Teología; escribía y componía canciones... Pero lo dejó todo por cuidar a Juan. Es una madre cuidadora que reinvidica no dejar de “ser yo”.

 

Hace 14 años, a su hijo mayor, Juan (tiene dos más, de 10 y 7 años), se le diagnosticó el síndrome CDG, una enfermedad rara que afecta al correcto funcionamiento de la práctica totalidad de los órganos vitales del cuerpo. “El niño tenía 4-5 meses... Y crees que con el diagnóstico estás salvada, pero cuando la médico nos dijo que para eso no había cura, te mueres”, recuerda Cristina Pérez Navas, vecina de Boadilla desde 2002.

Desde ese momento, la familia se tuvo que organizar para cuidar a Juan. Ella, profesora del colegio Salesianos Carabanchel (al igual que su marido, Sergio) fue la que se acogió a la posibilidad de una reducción del 99% de su jornada que da la ley a los padres en estos casos de enfermedades graves o crónicas.

Desde entonces, lleva peleándose con el mundo día tras día por su hijo. “Con los médicos, la burocracia, las instituciones, empresas... porque, aunque mucho ha cambiado, todavía queda mucho por hacer a nivel sanitario, educativo y social por los pacientes afectados, la inclusión, y por todo su entorno... ¡Y los cuidadores!”, reinvindica.

“¡Acabas metiéndote tanto en el rol del niño, el niño, el niño... que te olvidas completamente de ti! ¡Dejas de existir! Y tú te olvidas de ti mismo”

“Esto afecta a toda la familia, pero siempre hay uno sobre el que recae más peso que el otro, que es la persona que deja de trabajar y empieza a cuidar a esa persona que necesita una dedicación absoluta. Que en este caso, fui yo, porque así se decidió y parecía lo más idóneo. Esto supone un cambio radical de tu proyecto de vida. Y aceptar que tu vida va a ser distinta para siempre, que quizá jamás vuelvas a retomar tu profesión, tus amistades... es difícil”, reconoce Cristina. “¡Acabas metiéndote tanto en el rol del niño, el niño, el niño... que te olvidas completamente de ti! ¡Dejas de existir! Y tú te olvidas de ti mismo”.

Ser yo

A sus 50 años, está en una etapa de la vida en el que quiere “volver a ser yo, Cristina, no solo ‘la madre de Juan’, que es lo que soy desde hace 14 años”, asegura. “Yo era maestra de música y teología en el colegio. Tengo también el título de profesora de Educación Física. Estudié danza en el conservatorio, toco varios instrumentos (guitarra, percusión, flauta de travesera, piano...) Compuse un disco de villancicos infantiles, que está en Spotify, con el único villancico chotis que hay (De Madrid al cielo, 2005); escribí un libro (Las voces del cielo. Entrelíneas Editores 2007)...

“Es muy importante que se cuide a los pacientes, pero también a la familias y a los cuidadores, que vivimos en una tensión constante. No existe ningún protocolo para nosotros. De hecho, cuando nos dieron el diagnóstico de Juan nos dijeron que intentarían darnos un psicólogo a los padres, pero llevo 14 años esperando. Creo que debe haber también un protocolo serio de seguimiento para los padres, de apoyo psicológico, porque vivimos situaciones muy duras más allá de la propia dureza de la enfermedad que padece nuestro hijo”, afirma.

Precisamente para reivindicar y visibilizar el papel de las madres cuidadoras, a veces tan olvidadas, pero siempre ahí; su esfuerzo diario y la dedicación que exige el cuidado de una persona con una enfermedad grave o la discapacidad,organizaron un desfile de moda el pasado 28 de febrero. Fue en el Palacio del infante Don Luis coincidiendo con el Día de las Enfermedades Raras. Un desfile con 25 madres en el que, esta vez, ellas fueron las protagonistas.