Mordieron la Gran Manzana

Óscar Vázquez, Rubén Serrano y Daniel Hernángomez, maratonianos boadillenses. Hace unos días, nuestros protagonistas completaban con marcas sobresalientes una de las citas por excelencia en la agenda de aquellos que afrontan corriendo 42 km seguidos: la famosa maratón de Nueva York.

Óscar Vázquez, Rubén Serrano y Daniel Hernángomez. Imagen de Emilio Navas.
Óscar Vázquez, Rubén Serrano y Daniel Hernángomez. Imagen de Emilio Navas.

 El domingo 3 de noviembre, 51.000 corredores se concentraban a primerísima hora de la mañana (no queremos imaginar a qué gélida temperatura) en Staten Island para hacer frente a los 42 km que les separaban, corriendo claro, de la línea de meta en el conocido Central Park de Manhattan, en Nueva York (EE UU). Sí, hablamos de una de las maratones por excelencia, probablemente la más conocida del mundo y una de las más codiciadas (si no la que más) por aficionados y profesionales de la especialidad. 

Este año han participado en ella unos 800 españoles (nuestro país, nos cuentan, es de los que más extranjeros aporta y el que mejor marca media arroja entre los deportistas populares), tres de ellos, que sepamos, boadillenses: Óscar Vázquez y Daniel Hernángomez, ambos periodistas, y Rubén Serrano, que trabaja de administrativo.

Viven en Boadilla desde hace años y le pegan duro a eso de entrenar y correr. Para hacerse a la idea, cuando se preparan por el monte invierten de una y media a dos horas y media corriendo (“la tirada larga” señala Rubén). “Entrenamos de cuatro a cinco días por semana. El último año hemos hecho tres maratones, probándonos antes en un par de medias maratones”, comenta Dani. La alimentación, claro, es clave en todo ello: “Cada kilo de menos son dos segundos de mejora en la marca”, señala Óscar.

Un tiempo excelente

Puede que no sean atletas profesionales (y eso que tienen previsto correr las maratones de Boston y Tokio tras participar en otras como San Sebastián, Barcelona, Madrid, Berlín y Chicago), pero seguro que sus marcas ponen “los dientes largos” a muchos: en la “Gran Manzana” entraron entre 3,13 y 3,28. En particular, Óscar ha hecho su mejor Nueva York (ya ha corrido dos veces allí), “aunque esta vez la recuperación, una semana, ha sido lenta”.

Al unísono explican que “aquella es una maratón especial, no solo porque la gente (unos tres millones de personas en la calle) la vive con intensidad, incluso días antes, volcándose con una prueba dura por recorrido, climatología, desniveles y asfalto, sino por la cultura deportista y el afán de superación que tienen: les importa más el último en meta (no hay límite para entrar) que la élite”.

Por eso, Dani señala que “es tan épico acabarla que resulta obligado lucir la medalla que te dan los días siguientes: te paran por la calle al verla para fotografi arse contigo y felicitarte”. Las mismas personas, relatan, que a la vista del nombre de los corredores en los dorsales “jalea sin desfallecer”.

¿Repetirán? Parece que sí. Por cierto, los interesados en imitarles ya pueden preparar los aproximadamente 2.200 euros que cuesta el viaje –unos cinco días– con dorsal, alojamiento y traslados.