Cristina Robredo, una promesa del esquí en ciernes

A sus doce años, Cristina Robredo, vecina de Boadilla del Monte, inicia la temporada de esquí como segunda en su categoría por Madrid y decimotercera en la clasificación nacional. Su sueño: figurar entre las grandes figuras de un deporte que le entusiasma.

Cristina Robredo en el transcurso de una prueba la competició. En la imagen pequeña, la joven esquiadora.
Cristina Robredo en el transcurso de una prueba. En la imagen pequeña, la joven esquiadora.

Cristina Robredo lleva el esquí en los genes: su padre, gran aficionado a este deporte, le compró su primer par de esquís prácticamente nada más nacer. Con tres años de edad los estrenó y empezó su aprendizaje, “para sorpresa de todos por la fuerza que tenía en las piernas”, cuentan sus padres, Guillermo y Carmina, algo que a esa edad no es habitual.

 

Cristina, de doce años de edad, es la mayor de tres hermanos y desde pequeña le ha gustado esquiar. Como joven promesa del mundo del esquí, es un valor en alza que ya empieza a destacar tras años de esfuerzo y duro entrenamiento en el Club Amistad de Madrid. Así, acaba de iniciar la temporada como segunda de su categoría (Infantil) por Madrid y decimotercera en la clasificación de España.

 

Esquiar y estudiar


A estas edades, no siempre es fácil compatibilizar el colegio —cursa 1º de ESO en el Casvi de Boadilla— con la práctica de un deporte que exige también esfuerzo y constancia. “Entreno —en Suiza normalmente— una semana completa al mes, y todos los fines de semana de viernes a domingo”. Eso supone tener que hablar con los profesores para llevarse los deberes de los días que se ausente de clase, planificar las fechas de los exámenes...

 

En agosto empezó los entrenamientos y este mes de enero comienza a participar en las primeras carreras de la temporada. El objetivo: conseguir una buena clasificación y divertirse, aunque su entrenador insiste que ahora ya no vale sólo con divertirse, “sino que también hay que ganar”.

 

De mayor quiere ser veterinaria, dice. Aunque antes aspira a figurar entre los grandes del esquí, alguno de los cuales tiene la oportunidad de ver en las competiciones y sesiones de entrenamiento. Para ello cuenta con el apoyo, tanto moral como económico –busca patrocinadores, pues para una familia media equipo, estancias y viajes acaba saliendo por un pico– de sus padres.