Manuel Godoy: la caída (II parte)

Tras el Motín de Aranjuez de 1808, Godoy es apresado en el castillo de Villaviciosa de Odón. Tras su liberación, fue llevado a Francia donde inicia su éxodo junto a sus señores, Carlos IV y su esposa. Murió solo en París en 1851.

Manuel Godoy, duque de Alcudia y Príncipe de la Paz (1801). Francisco de Goya.
Manuel Godoy, duque de Alcudia y Príncipe de la Paz (1801). Francisco de Goya.

En el número anterior conocimos cómo el favorito de los reyes Carlos IV y María Luisa llegaba a la Corte y de forma vertiginosa ascendía al más alto rango del poder convirtiéndose en el personaje más importante y más rico de España.

 

Pero esto le valdría a Manuel Godoy para ganarse la enemistad de muchos cortesanos, nobles y políticos que, quizá por envidia, consiguieron hacer de él un personaje que el pueblo cada vez odiaba más.

 

Mientras tanto, Europa se convulsionaba, tras la revolución francesa y el avance de Napoleón, del que Godoy era un aliado aunque con ciertos recelos. El favorito se vio obligado a declarar la guerra a Portugal para satisfacer los deseos del francés, aunque no culminó plenamente con lo que Napoleón quería, lo que le hizo ganarse su desconfianza.

 

A su vez, el príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII, conspiraba con los nobles y políticos contra su padre el rey y el todopoderoso Godoy, haciendo creer a todos que este personaje advenedizo se rendía al pueblo invasor mientras él negociaba en secreto con Napoleón creyendo que derrocaría a su padre y él sería rey. Pero Napoleón, mucho más listo que todos ellos, avanzó con sus tropas aprovechando el revuelo interno. Cuando se quisieron dar cuenta, España estaba invadida por los franceses.

 

Apresado

 

En 1808, en el famoso Motín de Aranjuez, Godoy es apresado en el Castillo de Villaviciosa de Odón. Carlos IV abdica en su hijo Fernando VII bajo presión y toda la familia real sale exiliada a Francia. Poco después Godoy es liberado por Murat y se encuentra con los reyes en Bayona, donde empiezan un largo éxodo hasta que se instalan en Roma.

 

Godoy dejaba a sus espaldas una España ocupada por los franceses, que levantada en armas luchaba por recuperar su independencia. Seis años sangrientos, con un rey impuesto por Napoleón —su hermano, José I—, que no pudo hacerse con el control.

 

Al final los Bonaparte, viendo imposible el sometimiento de los españoles, permitieron volver a Fernando VII, que regresaría como rey absoluto. Empezaba otra época negra de lo que sería uno de los reinados más nefastos de la historia española.


Fin de su relación con la condesa

 

Godoy siguió al lado de los reyes hasta el final de sus días. Su esposa, la Condesa de Chinchón, nunca más se volvería a reunir con él. Tras el motín, se refugió en Toledo con su hermano, el cardenal Luis María que, entregado a la causa liberal, luchaba por el derrocamiento de la monarquía absolutista.

 

Su hija, Carlota, permaneció con su padre y con los reyes hasta la muerte de éstos. Después se casó con un príncipe italiano y se afincó en Italia.

 

Godoy, ya solo, volvió a París. Cuando falleció la condesa se casó con la que había sido su amante toda la vida, Pepita Tudó, y con la que había tenido varios hijos. Terminó su vida con grandes estrecheces económicas tras haber sido desposeído de todos sus bienes.

 

En 1836 Manuel Godoy, en un intento de sanear su prestigio, publicó, sin pena ni gloria, Memorias del Príncipe de la Paz.

 

Una rehabilitación tardía

 

Un Real Decreto de la reina Isabel II autorizaba en 1846 a Godoy a volver a España, se le devolvían todos sus títulos, excepto el de Príncipe de la Paz que había sido creado para él. Además, se le asignaba un sueldo de Capitán General, se le concedía el título de Caballero de la Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo. Pero ya era tarde, Godoy estaba muy enfermo y no encontraba fuerzas para volver. Vivía solo, en el anonimato, conocido sencillamente como Monsieur Manuel. Pepita Tudó harta de tantas penurias, le había abandonado después de treinta y seis años de relación. Con su hija Carlota  las cosas tampoco iban mejor: las relaciones se habían enfriado desde hacía muchos años. Murió solo, en una modesta casa. Fue enterrado en el cementerio parisino de Père Lachaise, con la asistencia de unos pocos vecinos.

 

El que había sido el hombre más poderoso de España, amado y odiado con la misma pasión, permanece olvidado por todos, bajo una simple lápida que reza: “Don Manuel Godoy, Príncipe de la Paz. Duque de la Alcudia. Nació en Badajoz a 12 de Mayo de 1767. Falleció en París a 5 de octubre de 1851”.

 

En la actualidad, los responsables políticos de Extremadura estudian la posibilidad de recuperar sus restos y trasladarlos a Badajoz, donde erigirán un monumento en su honor.