La Duquesa de San Fernando

Los restos de María Luisa de Borbón y Vallabriga, la hija menor del Infante Don Luis, también reposan en la sacristía del palacio de Boadilla del Monte. Fernando VII rechazó casarse con ella para no emparentar con Godoy, marido de su hermana, la Condesa de Chinchón.

Retrato de María Luisa de Borbón, Duquesa de San Fernando. Era la hija pequeña del Infante Don Luis y hermana de la Condesa de Chinchón. El cuadro es una copia del original de Goya que, posiblemente, haya realizado el propio artista.
El sepulcro de los Duques de San Fernando, en la Sacristía del Palacio del Infante Don Luis de Boadilla del Monte.

En la sacristía del Palacio del Infante don Luis, contigua a la capilla, reposan los restos de la otra hija del Infante don Luis, María Luisa, y del marido de esta, el Duque de San Fernando. El sepulcro (en la segunda imagen) es una obra de estilo neoclásico del escultor Antonio Solá. Bajo un arco decorado con los escudos heráldicos de las familias de ambos —Borbón y Melgarejo-Avalos—, sobre un sencillo basamento, se apoya el sarcófago strigilado. Sobre este, hay una escultura que representa la figura de la duquesa, rodeando cariñosamente con el brazo el busto de su esposo. Todo ello en mármol blanco. El duque fue enterrado primero y, en 1846, la duquesa.

 
María Luisa Fernanda de Borbón y Vallabriga, última hija del Infante don Luis de Borbón y de María Teresa Vallabriga, nació en Velada, Toledo, el 6 de junio de 1783, en el mismo lugar que había nacido tres años antes su hermana María Teresa, la Condesa de Chinchón.


Una vida azorada


Los dos primeros años de su vida los pasó en el Palacio de la Mosquera de Arenas de San Pedro (Ávila), junto a su familia, hasta la muerte de su padre, que fue trasladada junto a sus hermanos a Toledo. Ella y su hermana fueron entregadas a las monjas del Convento de San Clemente para su educación y cuidado.


En el artículo anterior (ver artículo sobre La Condesa de Chinchón) vimos cómo con la boda de su hermana, María Teresa, en 1797, con Godoy, la familia recuperaba sus derechos, arrebatados por Carlos III, y se les permitía utilizar el apellido Borbón de su padre.

 

Al igual que su hermana y su madre, María Luisa recibió la condecoración de la Orden de la reina María Luisa y se le asignó una renta de diez mil pesos anuales. A su madre, por fin, le era concedido el permiso para volver a su tierra natal, Zaragoza. En 1802, su madre la recogía del Convento, pues se había quedado sola tras el matrimonio de su hermana, y se la llevó a vivir con ella a Zaragoza.


Unos años después, al morir María Antonia, la primera esposa del Príncipe de Asturias —el que más tarde sería rey de España, Fernando VII—, se estudió la posibilidad de casarle con María Luisa, con lo que ésta hubiera llegado a ser reina de España. Pero Fernando, que odiaba profundamente a Godoy, rechazó la oferta por no querer emparentar con el que consideraba su gran enemigo, ya que éste se había casado con la Condesa de Chinchón, hermana mayor de María Luisa.

 

Tras el rechazo, María Luisa siguió soltera unos años más y en 1808, ante la amenaza de los franceses, se refugió con su madre en Palma de Mallorca, donde permanecerían hasta el final de la guerra en 1814, cuando pudieron volver a Zaragoza.


Matrimonio feliz


Tres años después, María Luisa se casaba, en la Iglesia de San Sebastián de Madrid, con don Joaquín Melgarejo y Saurín, hijo del que había sido Mayordomo Mayor del Infante don Luis, Joaquín Melgarejo y Roxas. El novio era gentilhombre honorario de Fernando VII. Había sido fiel en su causa contra Godoy, por lo que el rey, agradecido, le nombró Duque de San Fernando de Quiroga, con Grandeza de España, y le ofreció a su prima como esposa, para emparentarle así con la familia real.


Pero los revueltos acontecimientos del reinado de Fernando VII le llevaron al duque a  jurar la Constitución de Cádiz, con claras tendencias liberales. Fue convocada una Junta Provisional, presidida por su cuñado, el Cardenal Luis María. El Duque de San Fernando fue nombrado ministro de Estado.

 

Como resultado, a la vuelta de Fernando VII a España, Joaquín y su esposa María Luisa, considerados traidores al rey, se vieron obligados a exiliarse; primero en París, en 1824, donde fijaron su residencia en la calle Taibout, número 3, y coincidieron con la Condesa de Chinchón, en cuya enfermedad fue asistida por María Luisa hasta su muerte.


Más tarde se trasladaron a Roma. Tras unos años, pudieron regresar a Madrid, donde se instalaron en la calle ancha de San Bernardo.


El Duque fue ministro de la Regencia de la reina María Cristina de Borbón —viuda de Fernando VII y madre de la reina Isabel II— hasta su muerte en 1835.

 
Los tres hijos del Infante don Luis habían tenido una vida complicada, pero al contrario que su hermana, la Duquesa de San Fernando tuvo un matrimonio feliz, si bien no tuvieron descendientes. Por ello, María Luisa hizo testamento en favor de su única sobrina, Carlota Luisa, hija de su hermana y de Godoy, que aglutinó una importante fortuna en obras de arte y propiedades.


El 21 de marzo de 1846, la Duquesa fallecía y era enterrada en la Sacristía de la Capilla del Palacio de Boadilla del Monte, junto a los restos de su esposo, y muy cerca de los de su hermana, la Condesa de Chinchón, donde aún hoy permanecen.


Estrecha relación con Goya


María Luisa, al igual que sus hermanos, siempre mantuvo una buena relación con Goya, a quien desde pequeños habían visto en el palacio de su padre en Arenas de San Pedro. Goya la visitó en París y se escribían periódicamente hasta la muerte del pintor en Burdeos. En 1801, el pintor la retrató luciendo la banda y la Cruz de la Orden de la reina María Luisa.