El cardenal liberal

Luis María de Borbón y Vallabriga, primogénito del Infante Don Luis, emprendió una vertiginosa carrera eclesiástica tras casarse su hermana con Godoy.

Retrato de Luis María de Borbón y Vallabriga, pintado por Goya cuando se pone la púrpura cardenalicia. El pintor aragonés era la segunda vez que lo inmortalizaba. La primera fue cuando Luis María tenía seis años de edad.
Retrato de Luis María de Borbón y Vallabriga, pintado por Goya cuando se pone la púrpura cardenalicia. El pintor aragonés era la segunda vez que lo inmortalizaba. La primera fue cuando Luis María tenía seis años de edad.

En este año que se celebra pomposamente el bicentenario de la Guerra de la Independencia, hay un personaje, arrinconado en la historia, pero que tuvo un papel relevante y vivió los acontecimientos en primera línea.

 

Se trata de Luis María de Borbón, conocido por algunos historiadores como el cardenal liberal, y primer hijo del infante Don Luis de Borbón y de María Teresa de Vallabriga Rozas. De él ya hablamos anteriormente, con motivo de restauración y exposición en Zaragoza del cuadro en el que fue inmortalizado a sus seis años de edad por Goya. Ahora veremos lo que fue su vida con más detalle.

 

Luis María de Borbón y Vallabriga nació en Cadalso de los Vidrios, provincia de Madrid, el 22 de mayo de 1777, en el Palacio de Villena, donde vivían sus padres desde poco después de su boda.

 

La llegada de su primogénito fue una inmensa alegría para el infante, que se había casado con casi cincuenta años, después de muchas presiones a su hermano el rey Carlos III, que no le quería dar permiso para contraer matrimonio. Poco después llegarían sus hijas María Teresa y María Luisa, a las que siempre estuvo muy unido su hermano Luis María, y de las que ya hablamos en capítulos anteriores.

 

Sus padres, aunque estaban apartados de la corte, siempre quisieron que su hijo se formara como un príncipe. La cuidada educación recibida dejó huella en él, pues durante toda su vida fue un hombre refinado y culto como su padre, del que también posiblemente heredó su carácter tímido y retraído.

 

Pero la tranquila vida de la familia en Arenas de San Pedro (Ávila) se vería truncada por la muerte del infante Don Luis. Los niños fueron trasladados a Toledo. Luis María, a residir en el palacio arzobispal bajo la tutela del arzobispo Lorenzana. La nueva vida de Luis María era sencilla. Ahora bien, su educación, al lado del arzobispo, fue exquisita, ya que este era un hombre muy culto. Su influencia hizo que su pupilo pronto descubriera su vocación religiosa.

 

El cambio de vida con Godoy


En 1793 Luis María tomó las órdenes sacerdotales y fue investido Arcediano de Talavera. Era el principio de una brillante carrera. Poco después, ocurrió un acontecimiento que cambiaría su vida y la de su familia. Sus primos Carlos IV y María Luisa habían decidido que su favorito, Manuel Godoy, se casara con su hermana María Teresa.

 

Luis María fue el que llevó las negociaciones de la boda y logró grandes beneficios para toda su familia: los tres hermanos fueron titulados Grandes de España de primera clase, se les devolvió su derecho a utilizar su legítimo primer apellido Borbón y las armas de la casa real. Luis María recibía la Orden de Carlos III, era titulado Marqués de San Martín de la Vega y nombrado Gran Canciller de Castilla y Consejero de Estado.

 

Su carrera eclesiástica emprendía un vertiginoso ascenso. Pronto fue nombrado arzobispo de Sevilla. Fue en este momento cuando Goya, que había pintado por primera vez a don Luis María a la edad de seis años, le retrata de nuevo luciendo la púrpura cardenalicia.

 

Pero la omnipotencia de su cuñado, Manuel Godoy, no habría de durar mucho. Los graves acontecimientos que se avecinaban en España iban a cambiar radicalmente de nuevo la vida del hijo del desdichado infante Don Luis.

 

El 17 de marzo de 1808 estalla el motín de Aranjuez que termina con el encarcelamiento de Godoy y la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII. Su hermana María Teresa, infeliz esposa del favorito, aprovecha la ocasión para abandonar a su esposo y a su única hija Carlota, y se reúne con Luis María en Toledo.

 

Poco después, los franceses invaden el territorio español y el ingenuo Fernando VII abdica en favor de Napoleón y este en su hermano José I, nombrado rey de España. Luis María y su hermana María Teresa huyen de Toledo a Andalucía con la comitiva de la Junta Central, que había tomado el mando.

 

En dos años, toda la península fue invadida por los franceses, que arrasaban a su paso pueblos, campos, destruían iglesias y otros edificios. Los hermanos Borbón se encontraban en Cádiz, donde estaban reunidos los liberales, que intentaban a toda costa tomar las riendas de la situación. Se constituyeron unas nuevas Cortes y se dictaron numerosas leyes.

 

Un papel de relevancia


Luis María ocupaba un papel relevante en todos estos acontecimientos, llegando a firmar la abolición de la Inquisición, una institución que tantos estragos había causado en España durante siglos.

 

El 19 de marzo de 1812 las Cortes aprueban la Constitución. Puesto que era el único miembro de la familia real que permanecía en España, el cardenal Borbón fue nombrado regente hasta que regresó Fernando VII.

 

La guerra continuó aún un año más, hasta que las tropas francesas fueron definitivamente vencidas. Volvió Fernando VII. Pero el Consejo de Regencia, con Luis María a la cabeza, no quería aceptarle como rey hasta que no jurara la Constitución de Cádiz.

 

Fernando VII, entre engaños y maniobras, rehusó el juramento y recuperó el poder absoluto, derogó la Constitución de Cádiz, mandó detener a los diputados liberales, restableció la Inquisición… Era el comienzo de uno de los reinados más nefastos de la historia de España, sembrado de terribles venganzas que el rey aplicaría a los liberales durante los años siguientes.

 

Luis María fue obligado a retirarse a Toledo, donde conservaría su arzobispado, pero tuvo que renunciar al de Sevilla y a sus rentas. Su delicada salud, junto con los grandes disgustos que sufrió los últimos años de su vida, le llevaron a una muerte prematura con tan sólo 46 años.

 

El primogénito del infante Don Luis fue enterrado en la sacristía de la Catedral de Toledo, donde descansa bajo un bello sepulcro esculpido en alabastro por Valeriano Salvatierra.