Una de las principales fuentes de información sobre Nicolás Fernández de Moratín (Madrid 1737-1780) la ofrece la publicación en 1821 de sus obras póstumas, que incluyen una primera parte sobre su vida que escribió su propio hijo Leandro.
El padre de Nicolás, Diego, era ayudante de guardajoyas de la reina Isabel de Farnesio, lo cual permitió que la familia tuviese una situación acomodada.
En 1747, un año después del fallecimiento del rey Felipe V, Isabel de Farnesio se recluyó en el palacio de la Granja de San Ildefonso acompañada de sus dos hijos menores, los infantes don Luis y doña María Antonia Fernanda, y de su pequeño séquito, entre los que se encontraban la familia Fernández Moratín.
Así, los primeros años de su educación fueron junto a los otros hijos de la servidumbre real y posteriormente continuaron en Calatayud en el colegio jesuita, ya que su padre tenía intención de que se iniciase en la carrera eclesiástica. Sin embargo, Nicolás comenzó su formación en leyes financiada por el infante don Luis (Deacon, 2001: 155), que interrumpiría para finalizar muchos años después ya que en 1772 fue admitido como abogado en el Colegio de Madrid.
El patrocinio del infante don Luis nos indica que entre Nicolás y él debió de haber una relación cercana a la amistad
El patrocinio del infante don Luis nos indica que entre Nicolás y él debió de haber una relación cercana a la amistad, fraguada entre los palacios de Madrid y de la Granja de San Ildefonso. Amistad que tendrá su reflejo en alguna de las obras del escritor.
En 1759, y con la reina madre de nuevo en Madrid acompañando a su hijo Carlos III, Nicolás fue nombrado por Isabel de Farnesio mozo de oficio de guardajoyas (Deacon, 2001: 154), que ejercería hasta el fallecimiento de esta en 1766. No obstante, al igual que otros sirvientes, continuó manteniendo su sueldo, sufragado por la Casa Real, hasta su muerte en 1780.




