Esta historia comenzó hace unos años partiendo de la única escultura que se conservaba en el palacio, conocida popularmente como el Faraón, y que no es otro que Antínoo o el ídolo de Egipto. Siguiendo su pista, la Asociación de Amigos del Palacio emprendió una investigación sobre las posibles estatuas que pudieron pertenecer a la colección del infante don Luis de Borbón y que decoraban las hornacinas de la escalera principal del edificio de acceso a la primera planta.
Consultada la testamentaría del infante, en la que se detallan todas sus colecciones, y con ayuda del experto José María Luzón, se localizaron las estatuas en la colección de vaciados de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. La asociación elaboró y entregó un informe al Ayuntamiento de Boadilla del Monte, a partir del cual se hizo el encargo de los vaciados de las esculturas a la academia para su adquisición y ubicación en la escalera del palacio. Ahí figuran desde el pasado 25 de marzo.
Consultada la testamentaría del infante, en la que se detallan todas sus colecciones, se localizaron las estatuas en la colección de vaciados de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando conserva la colección de vaciados de Anton Raphael Mengs, pintor de cámara de Carlos III. Colección que había ido formando a lo largo de los años en Roma y Florencia. La academia, creada poco tiempo antes, necesitaba proveerse de modelos en yeso para que sirvieran como fuente de inspiración a los artistas.
El repertorio de moldes y modelos de Mengs llegó a España en un momento decisivo para el desarrollo del arte en nuestro país, convirtiéndose en uno de los vehículos imprescindibles para la educación de los artistas y el establecimiento del gusto neoclásico que estaba triunfado ya en muchos lugares de Europa, y del que el artista alemán era uno de sus teóricos mas sobresalientes.
Según Mengs, solo había un procedimiento válido para alcanzar la perfección artística. Este era la contemplación e imitación del arte de los antiguos. Y los vaciados de las más célebres estatuas de la antigüedad, a falta de los originales, compendiaban todo el saber necesario para los discípulos de la academia.
A su vez, se ponía de moda entre la aristocracia el gusto neoclásico que estaba triunfando en muchos lugares de Europa y encargaban a la academia copias de los modelos clásicos para la decoración de sus palacios. En el caso del infante don Luis, a juzgar por su testamentaría, debió encargar a la academia su colección, aunque no hemos encontrado en los archivos de la academia ni el encargo ni la factura de compra, si es que las pagó. O quizá fuera una donación.
Desde el siglo XVIII, la academia mantiene el Taller de Vaciados y Reproducciones Artísticas y ofrece la posibilidad de realizar sus reproducciones. Y esto es lo que ha hecho Boadilla: encargarlas. En todo caso, son siempre las esculturas que durante dos siglos y medio dibujaron y reprodujeron generaciones de artistas de nuestro país y de muchos de Europa.






