Antes de que en 1939 acabase la Guerra Civil, en enero de 1938 se creó el Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones, dependiente del Ministerio del Interior, para reparar y reconstruir los pueblos y ciudades dañados en la zona dominada por Franco.
Durante 1938 este Servicio se dedicó al “estudio y preparación de disposiciones legislativas ajustadas a los inspiraciones y normas dadas por la Superioridad, así como a conocer, sobre el terreno que se iba liberando, los problemas que quedaban planteados, resolviendo aquellos que por su carácter urgente eran inaplazables” (editorial del primer número de la revista Reconstrucción, abril de 1940).
En marzo de 1939, Franco dispone la creación del Instituto de Crédito para la Reconstrucción Nacional con el objeto de financiar en exclusiva los trabajos del Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones.
Al parecer, numerosas empresas extranjeras se ofrecieron al gobierno del dictador para trabajar en la reconstrucción de España, buscando interesantes beneficios en un país destruido. Sin embargo, tales ofrecimientos fueron rechazados. Otro de los problemas a los que se enfrentó inicialmente este servicio fue la falta de personal técnico y competente, teniendo que esperar que se licenciarán muchos de ellos que se encontraban en el ejército o en las cárceles republicanas.
Tras finalizar la Guerra Civil, en agosto del 1939, este Servicio pasó a constituirse como Dirección General, dependiente del Ministerio de la Gobernación, al igual que la Dirección General de Arquitectura, ambas protagonistas de la reconstrucción de buena parte del país.
En primer lugar, se realizaron levantamientos topográficos, labor en la que fue fundamental la colaboración del Ministerio del Aire y del Instituto Geográfico y Estadístico. Y en los trabajos de reconstrucción propiamente dichos se utilizó mano de obra de la propia zona y también de reclusos del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo.




