¿Qué te atrapó de la fotografía? No lo sé muy bien. Quizás mi padre me influyó. Él era escultor, orfebre. Desde muy pequeño me fue introduciendo en el mundo del arte. Le gustaba la fotografía. Él tenía una cámara que luego heredé yo. Siempre me ha parecido una manera excelente de expresarse, muy inmediata... Soy muy instintivo y me expreso mejor a través de contenido visual.
Empezaste en el mundo de la moda... Sí, trabajaba entre Milán y Madrid. Tenía siempre la maleta preparada. La moda me enseñó mucho sobre cómo retratar a personas, saber ver qué hay detrás. Cada uno es un mundo. La actividad era muy interesante, pero frenética. Hubo un momento que sentí que necesitaba un cambio. La fotografía para mí siempre ha tenido algo de misión, y quería que mi trabajo fuera de utilidad para los demás, necesitaba mostrar historias reales.
¿Y encontraste ese sentido en la arquitectura? Sí, es algo que sirve a la gente y que crea historia. Muchos edificios que he retratado han tenido una evolución, han cambiado. Algunos son directamente históricos. Los edificios se hacen para que la gente que los habita se sienta bien dentro. Por eso la arquitectura está tan relacionada con lo social... Me gusta escuchar el latido de las paredes.
¿Notaste el cambio de la fotografía analógica a la digital? No me ha influido a la hora de expresarme y contar mis historias, pero sí ha habido una mejora que aprecio mucho. ¡Ver en la pantalla de manera inmediata la idea que tienes en la cabeza! Antes trabajábamos sin red... y hasta que no revelabas el carrete, no veías el resultado de la foto. Además, a mí me gusta trabajar con cámaras pequeñas, algo más fácil con las digitales. Cuando haces fotografías en la calle, de escenas de vida, puedes ganar mucha frescura en las imágenes cuando pasas inadvertido. Cuánto más discreto seas y pases más de puntillas, más real es la foto.
¿Algún proyecto en marcha? Estamos fotografiando a familias ucranianas. Una por año de conflicto. La guerra empezó en 2014 (la invasión, en el 2022), así que 12 familias. Son fotografías en blanco y negro, y las hacemos en su casa, en su ambiente. Trabajo con una periodista que les va preguntando y hablando con ellos, y yo mientras voy sacando fotos, robando instantes de esa conversación. La idea es hacer una exposición, pero a mí me gustaría que fuera un libro porque es un formato que permanece.
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