"Bucear con tiburones es la forma de vida que he elegido y ¡me encanta!"

Karlos Simón es formador de instructores de buceo, cámara submarino y, sobre todo, un gran experto en tiburones. Lleva varios años en Boadilla, un lugar que le gustó por su tranquilidad y entorno natural.

Karlos Simón es buceador profesional y experto en tiburones.
Karlos Simón, en su casa en Boadilla.
Karlos Simón es buceador profesional y experto en tiburones.
Karlos Simón es buceador profesional y experto en tiburones.
Karlos Simón es buceador profesional y experto en tiburones.
"Los tiburones son animales salvajes y nunca se sabe cuál va a ser su comportamiento al cien por cien, pero sabiendo hacer las cosas, no hay problemas", asegura Karlos Simón.
Karlos Simón es buceador profesional y experto en tiburones.
España es el tercer país en captura de tiburones del mundo. La flota de la zona norte hace campañas en el Atlántico. Hay áreas donde casi han esquilmado el 90% de estos animales, sobre todo el tiburón martillo.
Karlos Simón es buceador profesional y experto en tiburones.
Con un tiburón tigre.
Karlos Simón es buceador profesional y experto en tiburones.
Al año se matan en el mundo 100 millones de tiburones. El 75% de estas matanzas vienen del finning: se saca a los tiburones, se les corta las aletas y se les devuelve aún vivos al agua.
“Bucear con tiburones es la forma de vida que he elegido y ¡me encanta!”
Karlos Simón encontró en Boadilla "un lugar tranquilo, en contacto con la naturaleza. Aquí encuentro la paz que tenía cuando vivía en la playa", asegura.

Con 30 años de experiencia bajo el mar a sus espaldas, se declara un enamorado del océano y sus habitantes.

Karlos Simón nos recibe en su casa de Boadilla, donde enseguida comenzamos a charlar sobre su último proyecto, Hundidos, una serie documental de trece capítulos para La2 de TVE. A través de cada episodio nos permite sumergirnos con él y descubrir algunos de los barcos que, por un motivo u otro, han acabado en el fondo de las costas españolas. Galeones, mercantes o acorazados, cada uno con una historia que contar y un fondo marino que mostrar.

¿Cómo nació tu amor por el mar y los tiburones? Siempre he sido muy deportista y un poco “cabeza loca”. Con veinte años era monitor de esquí y decidí probar el snowboard cuando empezó a ponerse de moda en España.

Bajando una pista de Sierra Nevada, cogí una placa de hielo y me caí. Me hice mucho daño en la rodilla y el tobillo... La recuperación fue muy larga, así que cuando llegó Semana Santa no me pude ir a esquiar y me marché de vacaciones a Cuba, donde probé el buceo.

Mi primera inmersión fue con barcos hundidos y tiburones. ¡Fue un flechazo! El corazón se me puso a 200 pulsaciones. Pasar de ver corales a ver un barco hundido, una figura enorme de hierro que debajo del agua impresiona mucho, con esos animales de dos metros... me impactó. Observar además cómo se relacionaban con ellos los buceadores cubanos, me desmontó el mito del tiburón como devorador de hombres. ¡Así  empezó el amor! Son mi pasión. Ver con qué elegancia se mueven, cómo ondulan y cómo con el movimiento de una aleta pueden coger una velocidad espectacular...

"Los tiburones son mi pasión. Ver con qué elegancia se mueven, cómo ondulan y cómo con el movimiento de una aleta pueden coger una velocidad espectacular..."

¿Cualquier persona puede bucear? En el buceo querer es poder, a menos que haya algún impedimento importante de tipo cardiaco, pulmonar o de oído. En mi centro de buceo (Buceo Hispania) tengo desde niños de 10 años a gente de 70 que empezó con 60. Bucear es sencillo. Lo hace muchísima gente. En el curso se enseña todo lo necesario, pero lo principal es saber compensar y controlar la flotabilidad, algo donde los instructores ponen especial hincapié.

En el caso de que la persona sienta algún tipo de agobio frente a la idea de sumergirse bajo el agua con todo el equipo encima, sí que recomiendo hacer un bautizo previo, bien en piscina (a dos o tres metros) o bien en el mar (a cuatro o cinco metros). Resulta muy útil para valorar si se va a tener esa sensación de agobio en una inmersión mayor o no.

Organizas expediciones por todo el mundo para bucear con tiburones. ¿Has tenido alguna mala experiencia? Llevo montando viajes 25 años y nunca he tenido ningún problema. Ni yo, ni la gente que ha buceado conmigo.

Es cierto que los tiburones son animales salvajes y nunca se sabe cuál va a ser su comportamiento al cien por cien, pero sabiendo hacer las cosas, no hay problemas. Hay que evitar hacer movimientos bruscos o salir aleteando rápido. Y nunca perderles de vista. Mirarles a los ojos; eso les impone. En algunas ocasiones vamos con un palo, que ponemos delante, para que si el tiburón se acerca mucho, choque y se vaya.

"Llevo montando viajes 25 años y nunca he tenido ningún problema con los tiburones. Ni yo, ni la gente que ha buceado conmigo".

Hemos tenido accidentes pero de otro tipo. Gente, por ejemplo, que ha subido muy rápido, sin respetar las paradas de seguridad, y ha sido necesario meterles en la cámara hiperbárica, pero con tiburones… nunca.

El 10 de noviembre, por ejemplo, me voy al Mar Rojo donde mezclamos inmersiones para ver barcos hundidos en la parte norte y tiburones en la parte centro-sur, en las Islas Brothers. Todos los que van, saben bucear; es una condición imprescindible. Pero no todos tienen experiencia con tiburones.

En este viaje, además, se trata de tiburones longimanus, los cuartos o quintos más peligrosos que hay, así que nos acompañan dos guías locales, que conocen muy bien la zona, además de estar nosotros muy pendientes de los buceadores en todo momento. No son tiburones muy grandes (dos o tres metros), pero son muy curiosos y se acercan mucho. Por eso les insistimos en la importancia de seguir nuestras indicaciones. Si uno está tranquilo, ellos se acercan y se van, sin más.

Y después del Mar Rojo, ¿qué otros proyectos tienes a la vista? Tengo un proyecto de investigación muy interesante en el mes de diciembre. La flota de barcos Agressor, la más importante del mundo, en la que la gente pasa una semana o diez días para ir a bucear, me ha contratado para que investigue en la Isla del Coco (Costa Rica) los ataques de un tiburón tigre hembra que el año pasado causó la muerte de una buceadora americana.

Los tiburones tigre, aunque son los segundos más peligrosos que existen, son relativamente tranquilos, y esta hembra parece tener un comportamiento atípico. Suelen atacar en superficie porque confunden a los surfistas o nadadores con presas, por la forma que ven desde abajo. Pero nunca a buceadores. También vamos a dar una charla a los guías submarinos para lograr inmersiones más seguras.

La Isla del Coco está un poco apartada de la costa (hay 40 horas de navegación hasta llegar), pero es el mejor lugar del mundo, sin ninguna duda, para bucear con tiburones (es la isla que se ve en la película Parque Jurásico cuando llega el helicóptero). A pesar de ser un lugar natural privilegiado, sufre uno de los mayores problemas para las especies animales: los ataques de los furtivos. Sin duda, la avaricia por el dinero del ser humano es lo que está destruyendo este mundo.

También das charlas y conferencias en las que abordas estos temas… Sí. En ellas trato de concienciar a la gente ofreciendo datos que muchas veces no se conocen. Por ejemplo, que al año se matan en el mundo 100 millones de tiburones. El 75% de estas matanzas vienen del finning: se saca a los tiburones, se les corta las aletas y se les devuelve aún vivos al agua.

El 75% de estas matanzas vienen del finning: se saca a los tiburones, se les corta las aletas y se les devuelve aún vivos al agua.

El fin de esta atrocidad es la famosa sopa de aleta de tiburón, un plato típico de países orientales como China. Un kilo de aleta puede costar unos 600 dólares; y un cuenco de sopa en un restaurante de calidad son entre 50 y 70 dólares. Así que es fácil imaginar los intereses económicos que hay alrededor.

España es el tercer país en captura de tiburones del mundo. La flota de la zona norte hace campañas en el Atlántico. Hay  áreas donde casi han esquilmado el 90% de estos animales, sobre todo el tiburón martillo.

Gente como yo, que bucea y que nos encanta hacerlo con tiburones, intentamos poner nuestro granito de arena para que poco a poco se pueda revertir esta preocupante situación.

Pasaste 12 horas sumergido con tiburones. Ha sido de las experiencias más increíbles que he tenido, además de un récord mundial porque nadie lo había hecho antes, ni se ha repetido después.
Poder interactuar con ellos, incluso jugar con tiburones de tres metros, fue increíble. Y, por supuesto, ¡no me comieron! Se dio todo muy bien.

La idea original era  pasar 24 horas sumergido para estar por la noche, que es cuando más actividad tienen, pero vimos las tablas de descompresión y justo 12 horas, a la profundidad en la que iba a estar, era el límite para no entrar en descompresión. Así que se quedó en 12 horas.

Me bajaban botellas de oxígeno cada hora. Con la máscara que llevaba, podía beber agua a través de un depósito de plástico que llevaba en mi cinturón y hablar con el barco.

No me di cuenta de lo cansado que estaba hasta que salí a superficie. Me sentía raro, aturdido. Despues de llamar a mi madre,  que me apoya siempre pero lo sufre mucho, me fui a dormir... ¡12 horas seguidas (igual que dentro del agua)!

En algunos de tus vídeos se ve que les tocas el hocico. ¿Por qué lo haces? Si a algunas especies de tiburones pequeños les tocas un poco por el hocico, siempre y cuando estén quietos, entran en una especie de trance. Es lo que se conoce como inmovilidad tónica. Yo lo comparo con esos animales que se hacen los muertos como defensa o como para ataque.

Aquí se trata de algo inducido a través de unos detectores de impulsos electromagnéticos que tiene en la cabeza, las ampollas de Lorenzini. En esa zona, donde están esos receptores, consigues que entren en esa especie de trance y puedes manipularles: darles la vuelta, quitarles un anzuelo, marcarles, medirles… sin hacerles ningún daño.

Muy poca gente hace esto. Y siempre con ejemplares pequeños, pero nunca con tiburones tigre. Yo me puse a investigar para poder hacerlo con tiburones más grandes. Después de varios intentos, lo conseguí a través de la técnica de inversión física, donde antes de darles la vuelta por completo, tienes que cerrarles la boca.

A mediados de enero publicará su primer libro, Tratando con tiburones (Ed. Reino de Cordelia), un relato de su experiencia de 30 años como buceador

¿Te has planteado escribir todas tus experiencias y aventuras como buceador? A mediados de enero de 2019 saco mi primer libro, Tratando con tiburones (Ed. Reino de Cordelia), en el que cuento mis 30 años como buceador.

Aunque la narración está en primera persona, lo ha escrito Alfonso Mateo-Sagasta, un escritor de novela histórica y habitual de las expediciones de buceo que organizo. Lo hemos pasado muy bien dándole forma al libro y hemos aprendido mucho el uno del otro, uniendo su toque literario a mi experiencia.

El resultado han sido 250 páginas ilustradas con fotografías mías y de otros compañeros. Es un proyecto muy bonito, que me ilusiona mucho, en el que cuento muchas de las aventuras de mi vida buceando con tiburones.

El libro además tiene muchas lecturas posibles. En él cuento algunos ejemplos de autosuperación en la vida a través del buceo, tanto míos como de otras personas con las que he compartido jornadas de viaje. También hablo de cosas que no se deben hacer en el buceo, historias de las que yo no estoy satisfecho, pero que cuento para que otros no caigan en lo mismo.

Además, mis viajes alrededor del mundo ofrecen muchos destinos de buceo para los lectores buceadores y se incluye una guía de tiburones para todos los que quieran saber más sobre estos fascinantes animales. Está escrita por Teresa Migoya, mi pareja, que es bióloga marina, y consta de 25 fichas donde se habla de familias de tiburones, cómo se alimentan, reproducción, etc.

La verdad es que estoy en una etapa de mi vida muy feliz: la tele, mi libro, las expediciones, el centro de buceo… ¡Me lo estoy pasando en grande y disfrutando mucho de todo lo que hago!

Como madrileño de la calle Goya, ¿qué te gustó de Boadilla para venirte a vivir aquí? Con 25 años me fui a vivir a la playa, y desde entonces siempre he estado en lugares muy cercanos al mar (Motril, Mazarrón, Altea…), hasta que empecé mi relación con Teresa, mi actual pareja, que vivía en el centro Madrid. Como era de esperar, no me gustaba nada el agobio y la contaminación del centro.

A mí me gustaba mucho esta zona así que, después de buscar un poco, encontramos esta casa que reunía todas las condiciones que necesitábamos: un lugar tranquilo, en contacto con la naturaleza. Aquí encuentro la paz que tenía cuando vivía en la playa.

https://karlossimon.com

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