Paco Montalvo vuelve a Boadilla

A sus 25 años, Paco Montalvo ha hecho fortuna por haber introducido el violín como voz principal en el flamenco. El sábado, 5 de mayo, vuelve al municipio dentro del ciclo Boadilla clásicos. Las entradas están agotadas.

Entrevista a Paco Montalvo
Paco Montalvo en los Jardines del Real Círculo de Córdoba
Paco Montalvo, violinista flamenco
A sus 25 años ha tocado en los mejores escenarios del mundo
Paco Montalvo, alma flamenca al violín
"Paco de Lucía era mi referente, mi ídolo"

Nos encontramos con el violinista Paco Montalvo en los jardines del Real Círculo de Amistad de Córdoba, tradicional sociedad cultural de la ciudad en la que nació y vive. Un lugar tranquilo y al resguardo del calor.

Tiene 25 años. Y se podría decir que musicalmente prácticamente lo ha hecho todo, aunque él insiste en que “hay muchísimas cosas por hacer. Y lo bueno es que tengo ilusión por seguir creando, innovando… Y sobre todo, de disfrutar”.

Con seis años dio su primer recital en su ciudad natal. Con 12, debutó con la Orquesta Sinfónica de RTVE en Madrid.

“Si con una orquesta de 90 músicos te comes una frase, estás muerto. Y en el flamenco, si haces eso eres un crack”

Con 17, tras su éxito con la actuación con la Orquesta Sinfónica de la ópera de Israel, en Tel-Aviv, le invitaron a tocar en la sala principal del Carnegie Hall de Nueva York. Se convirtió en el violinista más joven que se había subido sobre el escenario del mítico teatro neoyorquino en lo que va de siglo.

Paco Montalvo está considerado entre los tres mejores violinistas de música clásica del mundo. Y es el único que ha convertido a este instrumento en voz principal del flamenco. Paradójicamente, con este giro en su carrera le ha llegado el reconocimiento en España, porque hasta entonces apenas actuaba aquí ni era conocido.

¿Cómo empezaste tan joven en la música?

Porque en mi casa había mucha música. Se respiraba música. Mi padre era violinista. A mi abuela le encantaba el flamenco. A mi tía le gustaban las sevillanas. Así que estuviera donde estuviera, solo podía tener música. De ahí ese amor por la música y el flamenco. Y por el violín, porque era lo que siempre tuve más a mano. Si hubiera sido una guitarra o un piano, habría tocado la guitarra o el piano.

Tu padre tocaba el violín. Fue tu primer maestro, pero te has formado con los mejores del mundo.

Mi padre tuvo la virtud de llevarme a formarme con los mejores maestros del mundo. Cuando le dije un día que esto del violín me estaba gustando, él me preguntó si yo quería aprender de los mejores. Y le dije, ‘hombre, pues claro que sí’. Desde ese  momento, se dedicó a buscarme clases con los grandes maestros del violín. Y a él le daba igual que estuviesen en Estrasburgo, Nueva York, Chicago…

Así que desde muy pequeño tengo, además de esa experiencia de haber aprendido con grandes maestros, esa formación, el viajar a otros países, esa vivencia tan bonita de mi padre acompañándome de un país a otro a las clases. Tenía 12-13 años. Ya luego, con 15, empecé a pasar ya tiempo solo en algunas de las mejores escuelas y universidades de música. Estuve unos cuantos meses en Nueva York, Moscú, Salzburgo… Fueron experiencias más largas que me hicieron crecer mucho como persona y como músico. Pero lo que tenía previo eran esas vivencias con mi padre que hoy recuerdo con tanto cariño.

“Paco de Lucía era mi referente, incluso para tocar Paganini”

¿Echas de menos algo de tu infancia? Tienes pinta de haber sido un chico bastante responsable.

Eso me lo han preguntado mucho. Sí, puede que fuera más responsable de lo normal por todo lo que estaba viviendo. Pero he disfrutado muchísimo y he hecho lo que he querido. He estado con mis amigos, he disfrutado de fiestas de cumpleaños con ellos, jugaba al fútbol… A mi siempre me ha gustado jugar al fútbol y tocar el violín. Era lo que hacía cuando salía del cole. Y nunca me perdí un partido de fútbol por culpa del violín, que eso sí que me habría dolido.

Es cierto que, bueno, algún fin de semana tenía que coger un tren y un avión. Pero era tal la felicidad que tenía por ir y al volver ir a contárselo a mis amigos… Me sentía como un héroe. 

Tu padre vería en ti algo especial ya de pequeño.

Sí, mi padre probablemente vio que tenía talento porque si no seguro que no habría apostado tanto (se ríe). Mi padre siempre ha querido darnos la mejor formación en lo que hemos querido a mí y a mi hermana [dos años mayor que él].

Música clásica, flamenco… ambos música pero estilos tan distintos. ¿El más difícil?

La clásica sin duda. Pero cada uno tiene algo especial para mí. En el estilo clásico tienes la oportunidad de recrear algo que ha pasado de generación en generación. La misión de un buen intérprete es hacer exactamente lo que está en la partitura. Y, por supuesto, transmitir algo.

Y el flamenco es todo lo contrario en ese aspecto. Eres mejor o puedes ser el mejor cuando no haces ni caso a lo que tienes preestablecido, si te dejas llevar. En un concierto de música clásica te puedes equivocar en una nota. Ahora, que el público se entere, esa es otra historia, aunque tú sabes que te has equivocado en algo. Pero si con una orquesta de 90 músicos te comes una frase o enlazas con otra, estás muer­to. Y en el flamenco, si haces eso eres un crack (se ríe). Tie­ne la música establecida, pero si por cualquier cosa se te va, o estás inspirado y quieres hacer otra frase, puedes ha­cerlo sin problemas. Y eso es bonito, es un cambio muy especial.Y luego, por supuesto, el rit­mo que tiene la música del flamenco, la pulsación de cada palo, le da vida. Es algo muy especial, que aunque no en­tiendas lo estás viendo. Es algo que la música clásica no tiene. Eso te engancha.

¿En que momento decidiste transformarte en un violinis­ta flamenco?

Lo pensé por primera vez con 14 o 15 años, aunque desde pequeño yo ya tocaba en casa flamenco con el violín. Me gustaba imitar lo que escucha­ba de Camarón, de Paco de Lucía, temas populares del flamenco. Estaba en Budapest en el camerino. Iba a tocar la Sinfo­nía española de Édouard Lalo. Y me quedé pensando lo bo­nito que sería poder represen­tar mi cultura a través de la música. Tenía tanta ilusión por llevarla a esos escenarios don­de yo estaba haciendo música clásica por todo el mundo…

Y así empezó un poco todo. Yo seguí formándome, dando conciertos por todo el mundo. Y poco a poco fui quitando de mi repertorio aquello que no era música española. Empecé a pedir a quienes me contra­taban que me dejaran tocar algo de música de Sarasate, Manuel de Falla, Albéniz… Y lo fui consiguiendo.

Y de ahí pasé al flamenco. Paco de Lucía era mi referen­te incluso para tocar Paganini. Quería que mi violín fuera la guitarra de Paco de Lucía, la voz de Camarón... Que Albéniz, Granados, Tárraga, los grandes de la música española, sonasen diferente, flamenco, con mi violín.

“Gracias al flamenco he tenido al suerte de poder tocar en toda España"

Desde pequeño ese fue mi sueño: ser con el violín el equivalente a lo que consiguió Paco de Lucía con su guitarra. Fui pasando el programa clásico a clásico español. Y de ahí al flamenco. Era un riesgo, pero me daba igual. Era lo que quería hacer.

¿Y cómo fue recibido el cambio?

El primer concierto que hice flamenco fue en Madrid, en 2014, en el evento Mentes brillantes. Dos semanas antes, les comenté lo que quería hacer y cambié el programa previsto. No pusieron problemas. Luego, según iban viniendo las contrataciones, fue empeñarme.

A los dos conciertos, fue como si algo hubiera pasado. Empezamos a tener lo que se llama el éxito dentro de la música: te llueven las contrataciones. Y de repente me vi moviéndome por sitios que no eran habituales: en España. Yo había tocado más fuera que dentro. Gracias al flamenco he tenido al suerte de poder tocar en toda España. Ya no toco repertorio clásico (bueno, salvo en casa en la intimidad).

¿Y cómo te recibieron los flamencos?

Eso me preguntaba yo, cómo lo iban a recibir. Me empeñé en poder dar un concierto en una de las peñas más antigua de toda España, la Peña del Rincón del Cante, de Córdoba. Ahí han actuado todos los grandes del flamenco. Desde Paco de Lucía, Camarón, Vicente Amigo… Todo flamenco que se precie ha actuado en esa peña.

Y yo tuve la ilusión y suerte de poder ofrecer mi concierto al poco tiempo de estar ofreciendo este espectáculo. Iba a ser la prueba de fuego. Y para mi sorpresa, al término de la segunda pieza con mi cuadro flamenco, tenía a la peña completa puesta en pie. Nunca antes se había puesto un violín como protagonista dentro del flamenco. Fue emocionante.

Llevas ya dos discos, Alma de violín flamenco (2015) y Corazón flamenco (2017). ¿El próximo?

Mi idea es sacar nuevo disco cada vez que yo quiera mostrar algo diferente. Pero meterse en el estudio es mortal. Me gusta más el directo, los conciertos

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Me encanta tomar una cerve­za con los amigos, jugar al fútbol, al tenis, me gusta el cine, me gusta leer, me gusta viajar, algo que gracias a mi trabajo hago a menudo y ¡me gusta dar conciertos! Los dis­fruto mucho.

Has viajado por todo el mundo. Eres considerado uno de los mejores violinis­tas clásicos. Estás triunfando en España con tu violín flamenco, del que eres pre­cursor… ¿qué te gustaría ser de mayor?

Hay muchísimas cosas por hacer, tanto en la música como en la vida. Y lo bueno es que tengo ilusión por seguir crean­do, innovando… y sobre todo, disfrutar. Fíjate, en tres días salgo a dar un concierto de violín flamenco en Mozam­bique. Eso yo nunca me lo hubiera imaginado. Yo hay noches, cuando tengo un con­cierto que me apetece mucho, en las que cuesta dormir por­que tengo muchísimas ganas de ir a tocar. Y eso es que lo disfruto. Cuando sienta que no disfruto, no tendré proble­mas en hacer otra cosa.

De nuevo en Boadilla

Disfrutamos de su espectáculo en julio del año pasado en un marco incomparable: los jardines del palacio.Ahora vuelve a Boadilla este 5 de mayo dentro del ciclo Boadilla clásicos, dedicado este año a la danza.

Además de por su violín, Montalvo viene acompañado por la bailarina Marta Guillén (también cordobesa), y el resto de su cuadro flamenco (guitarra, percusión, palmeros).

“Estoy muy contento de que Boadilla haya contado de nuevo conmigo para actuar aquí. Haremos un espectáculo con os mejores temas de mis dos discos, Alma de violín flamenco, que es el que presentamos en las veladas, y el nuevo que lancé a finales del año pasado, Corazón flamenco. En algunos temas el lucimiento del baile será patente. Quienes fueron a las veladas y les gustó, van a revivir lo mejor de aquel momento. Pero habrá alguna sorpresa más”. Un concierto especial “casi entre amigos”, si tenemos en cuenta que el Auditorio Municipal de Boadilla tiene un aforo de 403 personas. Afortunados en este caso.