James Frost, retratos de mascotas que emocionan

Tras toda una vida dedicada la industria petrolera y haber recorrido medio mundo de pozo en pozo, este inglés vecino de Boadilla quiere sacar partido a su gran afición: la pintura. Es experto en el retrato de mascotas.

James Frost, pintor de mascotas.
Tras toda una vida en una plataforma petrolera, James Frost, vecino de Boadilla de origen inglés, quiere disfrutar de su pasión por la pintura.

Empresario, físico, consultor y ¡artista! Simon Frost (Manchester 1958) estudió Física en la universidad de Bristol. “Mi padre no veía que la pintura fuera algo serio con lo que me pudiera ganar la vida. Yo con 18 años no tenía ni idea lo que quería ser en la vida. Me gustaba pintar y viajar”. Aprovechaba los veranos para sacarse un dinero vendiendo sus cuadros a los turistas que visitaban la pequeña localidad costera del sur de Inglaterra en la que veraneaba con su familia. Pintaba para la familia, los amigos… y entre sus temas: las mascotas. 

En el Reino Unido es habitual que los propietarios retraten a sus mascotas. Una tradición que Simon quiere extender en Boadilla. El mismo recuerda la emoción que sintió su esposa cuando le regaló un retrato del perro familiar, obra que cuelga en su lugar de trabajo. “Lloró”, nos cuenta. Su idea es ofrecer sus servicios en las clínicas veterinarias del municipio, las asociaciones protectoras de animales, donde también busca colaborar ayudando. 

En el Reino Unido es habitual que los propietarios retraten a sus mascotas. A James le gustaría extender esta entrañable tradición a Boadilla

Ese sueño juvenil de viajar se vio cumplido con creces tras finalizar los estudios de física y un primer trabajo en la industria petrolera, de la que apenas ha salido hace unos años después de casi 40 de aquí para allá con distintas compañías (entre ellas la española Repsol).

Empezó en un destino muy duro: plataformas petrolíferas en el mar. “Eso es como el oeste salvaje; un trabajo muy duro donde he llegado a hacer jornadas de 97 horas sin parar y donde he estado a punto de morir hasta seis veces”, recuerda. Ha trabajado en Chile, Argentina, Brasil, Angola… En 1996 entró en un expediente de regulación de empleo en su empresa y decidió dedicarse a lo que más le gusta: la pintura. “No me he jubilado”, afirma. 

Lo suyo siempre fue la pintura realista, pero busca dar un giro a su arte para, precisamente,  “hacer arte”, asegura como quien busca algo más con lo que pasar a la posteridad y hacer algo distinto a lo habitual. 

En 1998 compró un chalé en una urbanización de Boadilla. “Madrid ciudad no me gustaba para vivir. Aquí, sin embargo, encontramos tranquilidad, un espacio en contacto con la naturaleza, seguridad…” A Boadilla ha regresado con su mujer, una venezolana que conoció en uno de sus destinos y con la que tiene un hijo de 26 años y una hija de 28, tras su retiro de la industria petrolera. 

Dice sentirse más español que británico. De hecho, su dominio del castellano es bastante bueno y su acento apenas delata sus orígenes.

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